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Orientación Inicial

Orientacion Inicial Para candidatos Misioneros

Por: Daniel Bianchi


Partiendo de el supuesto de que una buena orientación es la mejor manera en la que podemos servir a las personas que tienen una inquietud misionera (candidato, postulante, interesado o como decidamos llamarlo). Con ello – a su tiempo – haremos una buena contribución a la iglesia donde es miembro, al lugar de servicio donde puede llegar a ir y a los futuros compañeros de misión.
Debe resaltarse que la característica actual del servicio misionero requiere de la convergencia de personas con diferentes dones, capacidades y características. Además debido al crecimiento de la iglesia en el “Sur global” (también conocido como el Mundo de la mayoría, Los dos tercios, etc. si bien ninguna parece expresarlo adecuadamente), la composición de la fuerza misionera es cada vez más multicultural, multilingüística y multiétnica. Lejano está el tiempo en que la palabra “misionero” evocaba un tipo de persona específico realizando un determinado tipo de tarea. Más lejano es el tiempo cuando misionero representaba a las personas de Estados Unidos o Europa. Mucho más lejano, y seguramente extinguida, está la imagen de un hombre blanco vestido de explorador con casco que es seguido por una caravana de gente de color a través de un sendero en la selva. Sin embargo, y a pesar de las transformaciones sucedidas, ciertos estereotipos permanecen entre nosotros.
Paralelamente hay una amplia variedad de enfoques acerca de cómo surge un misionero. Están quienes hablan del ”don de misionero”, otros dicen que es un “llamado específico”. Para algunos es una “vocación”, para otros es cuestión de “seguir la dirección divina”. Para unos “un acto de obediencia”, para otros se trata de “descubrir la voluntad de Dios”, y están quienes afirman que es una cuestión de “sentido común santificado”. Y así se pueden mencionar otras perspectivas. Más allá de todas ellas, hay algo en el que todos deben coincidir y que hay que identificar al misionero latente, ese que puede estar más cerca de lo que se supone. Esa persona con inquietud que necesita orientación.

En el apuro (movido por una urgencia basada en las Escrituras pero – a veces despojada – de la sabiduría y discernimiento de la misma) se cometen equivocaciones que pueden traer mucho dolor. Es que el misionero no solamente es alguien que hace, sino principalmente alguien que es. Así, el ser y el hacer deben estar juntos aún en maneras que pueden parecer insólitas como lo muestra una carta de un líder de la Polinesia y que cita Michael Griffiths en su libro: “Give up our small ambitions” (sin traducción al castellano). En la carta se enumera las aptitudes que los cristianos de esa zona del Pacífico esperaban encontrar en un misionero: capacidad para mezclarse con la gente, saber mezclar cemento, atravesar ríos, ayudar en un parto, sentarse con las piernas cruzadas, secar pantanos, ingerir comida extraña y soportar amablemente las equivocaciones. Además sugirió que la persona alérgica a las hormigas, el calor, la humedad, las picaduras, los picantes, las madres solteras, la pobreza y el polvo harían bien en pensar dos veces antes de salir de su país.

Antes de seguir corresponde hacer una observación. Para identificar a los nuevos misioneros es imprescindible que el liderazgo de la congregación tome una participación activa. En otras palabras, se requiere una decisión intencional. En cada iglesia hay personas listas para avanzar hacia el servicio misionero. La pregunta obligada es: “¿Hay líderes igualmente listos para identificar a esas personas, acompañarlos y enviarlas?. De otra manera ninguna orientación servirá de mucha ayuda si después no hacemos lo que hay que hacer. Esto parte de la base de mi entendimiento que la tarea misionera debe contar con la participación comprometida de la iglesia local y que esta no es una mera convidada de piedra.

¿HAY FUNDAMENTOS FIRMES?

Aunque parezca obvio, la persona que considera la tarea misionera debe haber dado evidencia de una auténtica conversión. Juntamente con ello tendrá que ser reconocida por tener una sólida relación con su iglesia local ya que allí es el lugar donde se dan los primeros pasos en el discipulado, servicio cristiano y la capacitación.

 

¿HAY MADUREZ DE CARÁCTER?

La obra misionera no es para las personas perfectas pero sí para personas maduras y comprometidas. Se espera que el futuro misionero tenga “los grandes temas resueltos”, o por lo menos que haya mostrado dedicación para enfrentarlos. Por ejemplo: Si es soltero ¿cómo se siente acerca de su soledad?. ¿Cómo está ese matrimonio ante el hecho de no haber tenido hijos aunque lo esperan y los han buscado?. ¿Hay temas del pasado que no fueron tratados adecuadamente? ¿Necesita restauración, reconciliación? ¿Qué pasa con su relación con sus padres y con otras figuras de autoridad?, y así se pueden sumar otras consideraciones fundamentales. Una de las principales características de la madurez es la capacidad de mantener los compromisos asumidos.



Pautas Generales para una debida Orientación

De más está decir que la orientación es una etapa exploratoria, de reconocimiento y aprendizaje. Todavía el Candidato no ha tomado decisiones, no ha elegido. Está en proceso, en maduración. Está de más decirlo pero es importante tenerlo en cuenta. Tanto para el Candidato, para que no se sienta que luego de ser orientado tiene que seguir en un camino que entiende no es para seguir. También esto es importante para el orientador para que sea cuidadoso de no ejercer ningún tipo de presión sobre la persona que orienta. Ahora sí, pensemos en algunas preguntas para ayudar al Candidato a saber si se tiene o no se tiene lo que hay que tener.

Fundamentos Solidos


¿HAY FUNDAMENTOS FIRMES?
Aunque parezca obvio, la persona que considera la tarea misionera debe haber dado evidencia de una auténtica conversión. Juntamente con ello tendrá que ser reconocida por tener una sólida relación con su iglesia local ya que allí es el lugar donde se dan los primeros pasos en el discipulado, servicio cristiano y la capacitación.

Madurez del Caracter

¿EXISTE UN CARÁCTER MADURO?

La obra misionera no es para las personas perfectas pero sí para personas maduras y comprometidas. Se espera que el futuro misionero tenga “los grandes temas resueltos”, o por lo menos que haya mostrado dedicación para enfrentarlos. Por ejemplo: Si es soltero ¿cómo se siente acerca de su soledad?. ¿Cómo está ese matrimonio ante el hecho de no haber tenido hijos aunque lo esperan y los han buscado?. ¿Hay temas del pasado que no fueron tratados adecuadamente? ¿Necesita restauración, reconciliación? ¿Qué pasa con su relación con sus padres y con otras figuras de autoridad?, y así se pueden sumar otras consideraciones fundamentales. Una de las principales características de la madurez es la capacidad de mantener los compromisos asumidos.

Conviccion Personal

¿HAY CONVICCIÓN?

Jesús llamó a sus discípulos para que estuviesen con él y para mandarlos a predicar. Juntamente con la conversión viene el llamado de Dios para que le conozcamos, tengamos comunión con él, seamos parte de su cuerpo y partícipes en la extensión de su reino. Ahora bien, además de este llamado general, Dios pide que algunas personas vayan a encarnarse y proclamarlo en otros contextos culturales. El misionero necesita tener seguridad de haber sido apartado para este servicio. Esa seguridad de llamamiento o convicción proviene del Espíritu Santo. ¡El apóstol Pablo la tenía y después con él millares y millares a través de los tiempos! (Hch. 9.15; Gál.1.15; 1 Tim.1.11,12; 1Cor.9.16.

Ser Diligente al Llamado

¿HAY DILIGENCIA?

En otras palabras, si alguien dice que tiene una carga o llamado para la obra misionera es de esperar que esté dando pasos en pos de esa meta. El Candidato puede aprender mucho aún años antes de salir al lugar de servicio. Es más, una buena parte de esa preparación solo puede tomarla antes de salir de su país. Como ejemplo: Lectura de libros misioneros, participación en eventos, experiencias misioneras locales, intercesión y ofrenda misionera regular, servicio en el ministerio misionero de la iglesia, aprendizaje de otra/s lengua/s, conocer a fondo la cultura, el país donde desea ir, y la lista sigue. A pesar de esto, no faltan los Candidatos que tienen un ideal romántico – y pasivo – de la obra misionera. Sienten el llamado pero los años pasan y no hacen nada práctico con su inquietud. Se asemejan al hombre de Proverbios que tiene ganas de comer pero no puede llevar las manos al plato.

Una Correcta Actitud

¿HAY ACTITUD DE APRENDIZAJE?

El día del misionero “sabelotodo, puedelotodo y tienelotodo” ha pasado. La misión desde los países de la periferia nunca se emprendió con abundancia de recursos, muy al contrario. A pesar de esto no estamos libres del mismo peligro que hemos sabido señalar en otros. Es menester contar con misioneros que tengan actitudes correctas, sobre todo verdadera humildad. Sólo así podrán salir como aprendices más que maestros, como siervos más que conquistadores, como acompañantes más que protagonistas. La misión transcultural es cada vez menos pionera (aunque hay varios aspectos que la requieren de manera urgente como es el caso de la traducción de la Biblia, la tarea entre pueblos nómades, la misión en algunos contextos islámicos, etc.).
Por esta razón el futuro misionero si este se no va debe relacionarse con la iglesia nacional. Como tal debe reconocerlos, amarlos y respetarlos. La identificación es imprescindible como expresión de auténtico amor y por consiguiente no está exenta de riesgos, los que deben asumirse con gran sabiduría, consejo maduro, sensibilidad cultural, dirección del Espíritu y orientación de la Palabra.

Buenas Relaciones

¿HAY VÍNCULOS SANOS?

La vida misionera es una vida de relación. El misionero vinculará otros colegas (generalmente de varias nacionalidades y trasfondos, denominaciones e historias), cristianos nacionales, autoridades gubernamentales y la lista sigue. Nadie nació sabiendo cómo tener buenas relaciones. Hay que aprender y aprender bien. La dificultad para tener vínculos sanos hará que la persona presente luego – cuando esté lejos o cerca dependiendo del lugar de servicio – discapacidades para el servicio. Esto podrá llevarlo en algunos casos a serios quebrantos emocionales, espirituales, aún éticos. No es de admirarse que los conflictos interpersonales ocuparon el cuarto lugar como causal de deserción misionera tanto en los países misioneros tradicionales como en las nuevas naciones de envío. (Ver “Demasiado valioso para que se pierda”, Guillermo D. Taylor,WEF/COMIBAM).

Compromiso Requiere Sacrificio

¿HAY COMPROMISO PARA CAPACITARSE?

Dios usa todo tipo de instrumentos pero ¡cuánto mejor los emplea si están limpios, afilados y cuidados! Debemos buscar personas comprometidas para crecer y desarrollarse en todas las áreas de su vida. Esto incluye la formación bíblico-teológica y misionológica, pero no se agota en esos temas. David Harley dice que esas personas: “Deben mostrar la evidencia de la obra de Dios en sus vidas. Deben ser confiables y disciplinados para trabajar, aunque a la vez se les debe aconsejar que no sean perfeccionistas ni adictos al trabajo…”
Una ventaja adicional es que la persona tenga sentido del humor y especialmente la capacidad de reírse de sí mismo”. Es sumamente recomendable que la iglesia tenga un programa de preparación misionera bien desarrollado para encausar a las personas con inquietudes.
En un paso siguiente la capacitación requerirá la participación de instituciones formales como entidades teológicas y centros de capacitación misionera. Más allá de la formación cristiana se ha de tener en cuenta el tema de los estudios formales. Cada vez resulta más necesario que la persona cuente con formación académica (terciario, universidad, estudios técnicos, oficios). El mundo al que se envían los misioneros requiere cada vez más, gente capacitada.

El Contexto Cultural

¿HAY SENSIBILIDAD CULTURAL?

Servir en misiones es estar en un contexto cultural diferente (ya sea dentro del país como – aún más – en el exterior) y generalmente ese contexto es totalmente opuesto al propio. La persona que considera ser misionero debe tener un sentido crítico de su propia cultura y a la vez de contar con herramientas para conocer la cultura anfitriona. Algunos pequeños indicios son: Capacidad para escuchar con atención y mirar las cosas desde el punto de vista del otro, disposición al estudio de otros idiomas, interés por otras culturas, deseo de ayudar a personas extranjeras, gusto por las expresiones artísticas étnicas, placer por comidas exóticas, conocimiento actualizado de la situación mundial, etc.
Las preguntas anteriores ofrecen un marco general para la orientación de los candidatos y las mismas no se agotan allí. Pero por cuestiones de espacio hubo que limitarlas.

Tres Ejes Importantes Para el Avance:

La Persona

Una orientación específica a la vida del candidato Conversión, crecimiento espiritual, discipulado, vida interior, salud emocional-física, tema de género, crecimiento, estudios, manejo del tiempo,administración de dinero, soledad, casamiento, duelos, etc.

La Iglesia

Una orientación acerca de su llamado y su iglesia local, ministerio y reconocimiento de la iglesia, relación con el pastor, testimonio de su ministerio local, actitud de la iglesia ante la obra misionera, etc

El Envio

Una orientación con todo lo relacionado con el envío propiamente dicho. Énfasis en el rol de las entidades (agencias, grupos) de envío. Debe conocerse su historia, testimonio, estructura, énfasis, doctrina, enfoques particulares, políticas, manejo de finanzas, condiciones y requisitos para la salida, la relación de la entidad con la iglesia enviadora, entre otras cuestiones.