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Misiones e Iglesia

La Iglesia Misionera

Todo verdadero cristiano es miembro de la iglesia universal. Cada iglesia local es una unidad del cuerpo de Cristo y representante de la iglesia universal.

El evangelista Melvin Hodges, comenta que las diferencias geográficas no afectan para nada esta verdad vital. Es igualmente cierta para Sudamérica como para Europa, para África o para Norteamérica.

Cuando se funda una nueva iglesia local, hay que hacer hincapié ante el nuevo grupo sobre los privilegios y responsabilidades de esta comunidad universal. Cada una de las iglesias debe tener la enorme satisfacción de ser un participante del evangelismo mundial.

Hubo un tiempo en que las jóvenes iglesias en regiones recientemente evangelizadas se conformaban con recibir misioneros. Para ellos la idea del misionero era el de una persona que llegaba de Europa o de Norteamérica. Pero esto ha dejado de ser así.

Corea está enviando misioneros a Indochina y las tribus africanas son evangelizadas por cristianos de otras tribus. La tarea de evangelismo mundial es demasiado grande para limitarla a una sola misión o a un grupo cualquiera de gente selecta que lleva el nombre genérico de “misioneros”. Si pretendemos levantar la cosecha en todo el mundo durante esta generación, tendremos que hacerlo con una visión de cooperación y esfuerzo de todas las pequeñas iglesias locales esparcidas por doquier, con la participación de cada uno de los cristianos en el desafío de evangelizar al mundo.

Toda iglesia que se establezca debe comenzar como una iglesia misionera. Y cada una de las iglesias debe darse cuenta que su existencia no puede limitarse solamente a disfrutar de la gracia y de las bendiciones de Dios, para sí misma, sino de compartirlas con otros.

Cada iglesia debería levantar una ofrenda misionera a intervalos regulares. La congregación está en libertad de escoger el plan que prefiera en este aspecto. Pero tiene que ser un esfuerzo permanente y generoso.

Otra de las grandes contribuciones de la iglesia es la de alentar a los jóvenes a que no cierren sus oídos al llamado de Dios para su obra de llevar el evangelio a los más alejados confines de la tierra.

El programa misionero de la organización nacional debería comenzar en la iglesia local y proyectarse a los extremos de la tierra. Comenzamos con nuestra “Jerusalén” fundando la iglesia local. No debemos despreocuparnos sobre la suerte de las aldeas vecinas y ciudades de nuestra Judea (provincia). Las misiones no son únicamente para los extremos de la tierra, sino para nuestra provincia vecina.

Algunas iglesias se comprometen, como parte de su programa misionero, a sufragar los gastos que demanda la preparación de obreros en su escuela bíblica. Se han dado cuenta de que no pueden llevar el evangelio a nuevas regiones sin contar con obreros preparados.

Una gloriosa responsabilidad, que es al mismo tiempo una pesada responsabilidad, desafía a la iglesia de nuestros días. Llevemos el mensaje a toda la tierra hasta que vuelva Cristo.

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